Esa fue la primera impresión que dejó la empresa: Que se salve quien pueda y que, mientras no sea yo, que se jodan los demás. Este jueves 2 de julio terminó por confirmar que muy poco ha cambiado, que se joda la población, mientras el comunicado oficial diga lo que quiere que digamos. Mientras en Cabildo Pemex alardeaba “control”, afuera entrevistamos a vecinos afectados y ellos tienen la opinión contraria.
* Se encerraron “en privado”, quizás tenían miedo después de la enjabonada que Uribe Esquivel le puso un día antes a directivos de la CFE, quienes llegaron con diapositivas y papeles bajo el brazo, cuando están a nada de tener bloqueos, linchamientos, quema de oficinas por el hartazgo de los choapenses y los apagones diarios en el municipio.
* El jueves había una oportunidad para aclararlo, pudieron ser transparentes, pudieron hablar de frente, pudieron señalar que hace falta más tiempo, que hace falta más coordinación, que faltan estudios serios para ver cuál es la afectación a largo plazo para los choapenses que a diario conviven con esa contaminación… Y saben qué, eso es más valioso para el choapense, para los mexicanos, que nos digan las cosas “al chile”, con la verdad en las manos, se entiende y comprendemos. En su lugar obtuvimos un circo, una maroma y un teatro por parte de Petróleos Mexicanos.
Álex Cazarín
Las Choapas.- Durante cuatro meses hemos visto, toda Las Choapas vio, prácticamente todo lo que ha ocurrido alrededor del pozo KREM-1.
Vimos el incendio cuando apenas comenzaba. Vimos salir a familias de sus comunidades. Vimos la incertidumbre de la gente que no sabía qué estaba respirando ni cuánto tiempo duraría aquello. También vimos quiénes trabajaban en esos momentos: Protección Civil Municipal, la Policía Municipal, incluso más tarde la Policía Estatal.

Mientras tanto, trabajadores de Pemex corrían despavoridos entre el operativo sin detenerse a explicar absolutamente nada a quienes veían el resplandor en medio de la oscuridad rural y la radiación naranja que emanaba de la zona del pozo Krem-1.
Esa fue la primera impresión que dejó la empresa: Que se salve quien pueda y que, mientras no sea yo, que se jodan los demás.
Este jueves 2 de julio terminó por confirmar que muy poco ha cambiado, que se joda la población, mientras el comunicado oficial diga lo que quiere que digamos. Mientras en Cabildo Pemex alardeaba “control”, afuera entrevistamos a vecinos afectados y ellos tienen la opinión contraria.
La reunión con la subdirectora de Pemex, Marcela Villegas Silva, y los mandamases de más alto rango de la paraestatal que han pisado el municipio, prácticamente se manejaron en la esquina, en lo oscurito, con hermetismo. Resulta difícil entender por qué una visita de ese nivel debía mantenerse casi en secreto cuando se trata de una contingencia que afecta a decenas de comunidades y que lleva más de ciento veinte días.



Quizás tenían miedo después de la enjabonada que Uribe Esquivel le puso un día antes a directivos de la CFE, quienes llegaron con diapositivas y papeles bajo el brazo, cuando están a nada de tener bloqueos, linchamientos, quema de oficinas por el hartazgo de los choapenses y los apagones diarios en el municipio.
Quizá les llegó el pitazo de que en Las Choapas, el alcalde habla por todos cuando expresa de manera recia el hastío de los 85 mil personas en la demarcación, sin pelos en la lengua que para los zurdos resulta “ESPANTOSO” Y “GROSERO”, pero cuando gobernó Morena y Sinopec hizo de las suyas, todo estaba bien, aunque hay afectados por esta negligencia y complicidad.
Lo más preocupante vino después.
Hace apenas unos días, desde Coatzacoalcos, la presidenta Claudia Sheinbaum informó al país que Pemex le había explicado que el incendio podría quedar controlado en alrededor de dos semanas, ese plazo ya se cumplió y el pozo sigue ahí, encendido, lanzando toneladas de residuos al aire y dejando una especie de “salitre” que mata todo a su alrededor, plantas, animales y por ende enferma a los vecinos de alrededor.
Sin embargo, alguien le aseguró a la Presidenta que ese no era el panorama, que todo está controlado, que todo está bien y que, Las Choapas está contenta. Alguien elaboró esa tarjeta “informativa”, pero no es la primera; semanas atrás, la ex alcaldesa Mariela Hernández, ahora secretaria de Salud de Nahle, le informó que nadie padece nada, que todo se resume a “unas diarreítas” y dolor de garganta, nada más. Estos son los “informes del Bienestar” y para allá pinta la cosa.
Solo basta caminar por las comunidades para darse cuenta de que la realidad no coincide con esos reportes, con las palmaditas en la espalda de los paleros en el estado, ahora también en la paraestatal de México.

El jueves había una oportunidad para aclararlo, pudieron ser transparentes, pudieron hablar de frente, pudieron señalar que hace falta más tiempo, que hace falta más coordinación, que faltan estudios serios para ver cuál es la afectación a largo plazo para los choapenses que a diario conviven con esa contaminación… Y saben qué, eso es más valioso para el choapense, para los mexicanos, que nos digan las cosas “al chile”, con la verdad en las manos, se entiende y comprendemos.
En su lugar obtuvimos un circo, una maroma y un teatro por parte de Petróleos Mexicanos.
La funcionaria de mayor jerarquía enviada por Pemex pudo responder qué encontraron los especialistas extranjeros; explicar qué ocurrirá cuando comiencen las maniobras para cerrar el pozo; detallar qué pasará con el suelo, el agua, los pastizales y con las familias que llevan cuatro meses respirando humo. No ocurrió.
En su lugar, el equipo de Comunicación Social, advirtiendo la enjabonada de Chucho Uribe, decidieron encerrarse y ordenar que todos los medios presentes salieran ya que todo sería a puerta cerrada, claro, a conveniencia de ellos.
Pero por supuesto que adentro hubo cifras, agradecimientos, fotografías oficiales y mensajes optimistas, aplausos, palmadas, mientras que afuera la mentada de madre para el choapense ya estaba dada.
Comisarios que siguen reportando niños enfermos, ganaderos que perdieron sus pastizales, productores que ahora compran alimento para sus animales, habitantes que aseguran que el olor continúa igual, no son versiones encontradas, son dos realidades completamente distintas.
Jesús Uribe hizo lo que le correspondía desde el primer día de la emergencia. Coordinó la respuesta municipal, respaldó la evacuación de habitantes y mantuvo presencia durante toda la contingencia. Hoy confía públicamente en que Pemex cumplirá los compromisos asumidos y ojalá tenga razón.
Pero viendo cómo se ha conducido la empresa durante estos cuatro meses, cuesta trabajo compartir ese optimismo.
Por lo pronto, Pemex sigue presentando informes que no reflejan lo que ocurre en las comunidades, siguen administrando la información como si el silencio fuera una estrategia y después vienen los ataques políticos.

Todo México aprovecha cada incumplimiento para burlarse de Claudia Sheinbaum y de Rocío Nahle. Lo grave es que muchas veces esos golpes no nacen de una decisión de ellas, sino de los reportes que reciben de funcionarios que prefieren quedar bien con sus superiores antes que informar con honestidad.
Y mientras arriba reciben aplausos y tarjetas con cifras alentadoras, abajo hay familias que siguen respirando humo, productores que continúan perdiendo dinero y comunidades que únicamente piden algo muy sencillo: que les digan la verdad.
Si en Pemex siguen privilegiando las fotografías oficiales sobre la transparencia, no será extraño que dentro de unas semanas vuelva a anunciarse otro plazo… y vuelva a incumplirse.
Porque eso ocurre cuando los altos mandos prefieren decirle a la Presidenta lo que quiere escuchar, en lugar de decirle lo que realmente está pasando en Las Choapas.