Nota Roja Digital Sureste

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Moloacán: Entre el resentimiento y la falta de atención de Rocío Nahle que socava la posición de Morena en el sur

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La silla de ruedas oxidada entregada a una familia vulnerable en Moloacán, dejó al descubierto una triste faceta que sus habitantes tendrán que soportar por cuatro años: Apoyo solo para los amigos, señalamientos e insultos para los que tengan la osadía de quejarse.

A pesar de lo que el gobierno de Moloacán asegura, no se trata de ataques, de enemigos, de adversarios, de agredir al alcalde Eleazar Alcántara sino de que la gente pueda tener una voz que sea escuchada. Se trata de que entienda que cada vez que se agrede a los ciudadanos, Morena queda mal, pierde credibilidad, pierde simpatía y lo que queda es un personaje rencoroso y agresivo.

Sin embargo, el hartazgo ciudadano no es una caricia, la ofensa que algunos reciben en sus hogares por parte de un gobierno que ni siquiera los recibe, por supuesto que no vendrán como felicitaciones.

Esto es lo que duele, no para el mensajero, no para quienes nos dedicamos a hacer pública la denuncia ciudadana sino para los que viven en carne propia los atropellos que no encuentran eco en un municipio que no cuenta con apoyo social mediático, de ahí que las denuncias lleguen por sí solas.

La historia ya no trata sobre fierros viejos, llantas desgastadas o apoyos defectuosos. La silla fue cambiada. El Ayuntamiento corrió a corregir el problema apenas la denuncia se hizo pública. Ese hecho ya quedó registrado.

Lo verdaderamente revelador apareció después.

Durante meses, una familia necesitó ayuda. Pasó por los canales institucionales. Esperó. Recibió un apoyo que consideró indigno. Finalmente decidió hacer lo que miles de ciudadanos hacen cuando sienten que nadie los escucha: denunciar.

Y cuando denunciaron, en lugar de encontrarse con autocrítica, con un alcalde que emita un comunicado corrigiendo el error, una disculpa y se muestre como un humilde servidor público, solo encontraron insultos.

Cuando un gobernante llama ingratos a quienes piden ayuda, deja de ver personas y empieza a ver enemigos, ese es el fondo del asunto.

Porque para quien gobierna, la primera pregunta debería ser: ¿por qué una familia llegó al punto de exhibir públicamente su inconformidad?

¿Por qué alguien que acudió al DIF terminó recurriendo a los medios?

¿Por qué una necesidad social terminó convertida en un escándalo público?

Pero parece que esas preguntas no interesan.

Resulta más sencillo hablar de conspiraciones, de periodistas «de quinta», medios incómodos o de «guerras sucias».

Es una respuesta frecuente en muchos gobiernos: cuando la realidad incomoda, se culpa al mensajero. En realidad, es la más fácil, más fácil para salir del embrollo.

Sin embargo, la realidad tiene una característica: no desaparece porque alguien la insulte, ahí sigue la denuncia, porque si la denuncia era falsa, no había nada que corregir.

Si la denuncia era una campaña política, no había necesidad de cambiar la silla. Si todo era una invención, la autoridad habría defendido lo entregado.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Y eso explica por qué el discurso oficial termina chocando contra los hechos.

Un presidente municipal no gobierna para quienes lo aplauden. Tampoco para quienes votaron por él. Mucho menos para quienes lo defienden en redes sociales, gobierna también para quien se queja, para quien reclama, para quien está molesto, para quien considera que recibió un trato injusto.

Cuando un ciudadano deja de ser visto como una persona con necesidades y pasa a ser etiquetado como «ingrato», algo se rompe en la relación entre gobierno y sociedad, pero esto no lo ve la autoridad, prefiere ver enemigos en lugar de errores que corregir.

Mientras la administración dedica tiempo a buscar culpables, desacreditar periodistas o hablar de conspiraciones, los ciudadanos siguen esperando soluciones.

Y esa es quizá la parte más preocupante del episodio, no la silla, no la denuncia, no la polémica sino la sensación de que para algunos funcionarios resulta más importante defender su orgullo que entender el sufrimiento de quienes gobiernan.

Eso, quizá no lo saben, pero se traduce en capital político perdido para el movimiento y la gobernadora lo debe saber a estas alturas, pues dejar que el mal crezca solo y se distribuya en este municipio, solo logrará que termine como Las Choapas en 2025, cuando el hartazgo les reviró el apoyo en un 0.1% de apoyo ciudadano. Al tiempo.

https://notarojadigitalsureste.com

Álex Cazarín

Desde 2019 soy reportero de calle, a pie, de colonias y lugares cercanos. A partir de 2023, soy titular del medio Nota Roja Digital Sureste, especializado en la cobertura de la nota policiaca en el sureste del estado de Veracruz.

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