La tienda ardió en 2025 * Ocho meses después siguen los escándalos * Escombros sobre drenajes y aguas negras en viviendas * Vecinos denuncian daños ambientales * Y nadie aclara qué pasó realmenteel día de la tragedia. Mientras tanto: ¿Quién supervisa realmente lo que hacen los obreros e ingenieros en Las Choapas?
Álex Cazarín
Las Choapas.- A la obra de Coppel en Las Choapas le apodan “la salada”.
Dos suspensiones en menos de cinco meses. Primero por los escombros y ahora por el drenaje así como un presunto daño ambiental. Sin mencionar el fantasma del incendio que mató a dos personas hace ocho meses.
Algunos ya hasta recomiendan mandar a los encargados de la obra a Catemaco para una limpia urgente. Pero ahí está el detalle, Chato, esto no es brujería, ni mala suerte ni casualidad.
Es desorden, omisión, valemadrismo y una reconstrucción que parece avanzar encima de los mismos errores que dejó la tragedia.
En septiembre del 2025 el fuego consumió la tienda y también la versión de que todo estaba bajo control, responsabilidad civil y social. No lo estaba.

Dos personas murieron atrapadas y trabajadores lograron salir de la estructura en llamas lanzándose al vacío en medio del humo y el caos, de esto hay videos del día del siniestro.





Después comenzaron las versiones reveladoras: hidrantes sin agua, confusión en rutas de evacuación, falta de claridad en protocolos de emergencia.
Y desde entonces, Coppel se hace la occisa.
Ocho meses después nadie explica qué ocurrió realmente aquél día, solo versiones escuetas que describen mucho pero no dicen nada.
Nadie aclara si hubo negligencia.
Nadie da nombres.
Nadie asume responsabilidades.
Luego vino la reconstrucción.
Y comenzaron los problemas otra vez.
La primera suspensión llegó en marzo de 2026. Obreros derribando estructuras sobre la avenida 20 de Noviembre mientras los escombros terminaban prácticamente sobre la vía pública. Pedazos de concreto cayendo en una zona transitada a plena luz del día, riesgo para peatones y polvo por todos lados. Una vil improvisación o falta de supervisión.
El Ayuntamiento tuvo que intervenir.
Y ahora vino la segunda.
Peor. Mucho peor.
Vecinos de la colonia Agraria denunciaron que escombros fueron colocados sobre una obra de desagüe pluvial; El resultado: aguas negras estancadas, drenajes colapsados y en algunos casos, el agua regresando hacia viviendas.





La reconstrucción de una tienda privada afectando directamente la salud de familias. Hágame usted el favor.
Y ahí aparece otro tema delicado: Los residuos quemados.
Porque no se trata únicamente de piedras y concreto. Ahí hubo plástico calcinado, cableado, electrónicos, pinturas, químicos, textiles, estructuras expuestas a temperaturas extremas y residuos derivados de un incendio de gran magnitud.
Y aunque no toda ceniza se clasifica automáticamente como peligrosa, la ley sí obliga a determinar si esos materiales contienen sustancias contaminantes antes de ser arrojados o confinados.
Ese es el detalle porque vecinos y autoridades señalan que parte de esos residuos terminaron en terrenos detrás de la tienda, entonces el problema deja de ser sólo urbano, porque ya estamos en el terreno ambiental, sanitario y posiblemente legal.
¿Quién supervisó el manejo de esos residuos?
¿Quién autorizó tirarlos ahí?
¿Protección Civil?
¿Ecología?
¿El Ayuntamiento?
¿O nadie?
Porque esa parece ser la constante alrededor de Coppel desde septiembre de 2025: nadie sabe nada hasta que todo explota.
Primero ardió la tienda.
Después vinieron las suspensiones.
Ahora revientan los drenajes y se evidencia un daño ambiental que tal vez en otros gobiernos pasarían desapercibidos.
¿Cómo una empresa del tamaño de Coppel acumula dos suspensiones durante la reconstrucción de una tragedia que ya dejó dos muertos?
Y peor aún:
¿Cómo ocho meses después todavía nadie explica qué fue lo que realmente pasó aquél día? O aclaran o se tendrán que conseguir un buen brujo en Catemaco, para que esa salación se vaya y quizá, también un poco de ese desprecio por el bienestar social en lugar de sus ansias por recoger con pala los pagos por los créditos con los que esclavizan a sus clientes.