Las Choapas.- La manta apareció este domingo en la oscuridad, pero no reveló nada que los trabajadores de El Plan y la Sección 26 de Las Choapas, no sepan desde hace años. Lo saben pero, cuidadito con decir lo que piensas.
“Sí hay recursos para trabajos por terceros. ¡Pero no para trabajadores sindicalizados! La administración está dejando morir los talleres. La factoría El Plan es nuestra fuente de empleo. ¡¡REQUERIMOS ENERGÍA ELÉCTRICA PARA REALIZAR NUESTRAS LABORES!!”, decía la lona colocada la noche del domingo en el hospital.

Pemex encontró dinero para exploraciones, perforaciones, estudios, contratistas y empresas externas, gente de otros países, como Sinopec e incluso holandeses, si se quiere. Lo que no encuentra es dinero para mantener en condiciones los talleres que durante décadas sostuvieron la operación petrolera.
Ni un peso para darle a los transitorios que llevan décadas mendigando un contrato de un mes, una semana o unos días, en los casos más aberrantes dentro de los sindicatos del país. Pero ojo, nadie es capaz de decirlo, no si no quieren perder las migajas que reciben.
Esa es la tragedia.
La industria que levantó generaciones de obreros hoy parece más interesada en repartir contratos a foráneos que en fortalecer a quienes aprendieron el oficio cuando los escritorios todavía dependían de los resultados que salían del campo.
En Las Choapas abundan los transitorios que esperan una oportunidad. Hombres que pasan años brincando de contrato en contrato, pendientes del teléfono, rogando por unos meses de trabajo, cuidando cada palabra para no incomodar a quien tiene poder sobre su futuro laboral.
Mientras tanto, las empresas siguen llegando.
Camionetas nuevas, personal externo, contratos millonarios, servicios especializados y los talleres propios sobreviven como pueden. Sin luz, desde unos años para acá.
La indignación no nace porque exista participación de compañías privadas. Nace porque muchos trabajadores observan cómo se reducen oportunidades para la base laboral mientras crece la dependencia de terceros.
Y tampoco se trata de un problema reciente. Entre los trabajadores existe la percepción de que fueron engañados desde 2024, cuando una supuesta falla dejó sin energía eléctrica gran parte de las instalaciones de El Plan. Pasaron los meses, llegó 2025, llegaron los planes de austeridad, llegaron los discursos sobre ahorro y reducción de gastos, pero la electricidad nunca regresó a los talleres con la normalidad que requerían para operar.

Por eso la lona resulta tan incómoda. Porque no denuncia una falla de unos días, sino un deterioro que lleva años acumulándose frente a los ojos de Pemex, de la administración y del sindicato. Mientras en los documentos se habla de ahorro de energía, ahorro de agua, reducción de gastos y prolongar la vida útil del mobiliario, los trabajadores observan cómo las instalaciones envejecen sin que aparezca una solución de fondo.
Lo que para una oficina puede ser una medida de austeridad, para un obrero significa menos herramientas, menos oportunidades y más incertidumbre sobre el futuro de su fuente de empleo. La Sección 26 debería estar encabezando esa batalla, debería estar exigiendo inversión, debería estar defendiendo talleres, debería estar peleando por carga de trabajo para los petroleros.
Pero entre los trabajadores existe una sensación cada vez más extendida: Que el sindicato habla mucho de unidad cuando hay fotografías, eventos y campañas internas, pero guarda silencio cuando toca defender con la misma energía el empleo de quienes mantienen viva la industria.
El petrolero conoce perfectamente esa realidad, Sabe que un comentario equivocado puede cerrarle puertas, que levantar demasiado la voz tiene consecuencias, sabe que en ocasiones resulta más conveniente aplaudir que cuestionar.
Y así pasan los años.
La manta colocada en El Plan no denuncia únicamente la falta de energía eléctrica.
Denuncia el agotamiento de una base trabajadora que observa cómo se deterioran instalaciones históricas mientras se presume un rescate petrolero que pocas veces aterriza en los talleres donde realmente se produce el trabajo.
Pemex habla de futuro, mientras los obreros hablan de supervivencia, presumen proyectos, mientras los trabajadores piden herramientas. Pemex celebra inversiones y los talleres piden electricidad.
La manta no estará por la mañana porque “no conviene que esté a la vista”. Como siempre. Lo que no podrán quitar tan fácil es la realidad que exhibe. Los talleres se apagan, los transitorios esperan, los obreros envejecen y las oportunidades salen por la puerta en camionetas de contratistas.
Mientras tanto, los líderes sindicales seguirán presumiendo fuerza y Pemex seguirá hablando de rescate. Pero ningún discurso ilumina un taller sin electricidad, ningún aplauso genera empleo y ninguna fotografía oficial puede esconder que, en El Plan, agoniza con un fuerte aplauso de sus mismos agremiados.