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La fantasía del poder: Pretender ser Obrador y solo conseguir lo peor de él… En Moloacán

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*El alcalde Eleazar Alcántara se encuentra atrapado en la fantasía de que él es el próximo Obrador. 

*Porque mientras intenta imitar tonos, frases y posturas del obradorismo más duro, en Morena saben perfectamente que no es precisamente una de las cartas más cercanas al grupo político de la gobernadora Rocío Nahle.

*Parece creer que gobernar consiste en controlar el discurso antes que resolver los problemas, en discutir en las redes sociales, sacar lo corriente e insultar déspotamente a quien le diga déspota.

Álex Cazarín

Moloacán.- Hay políticos que todavía no entienden que gobernar no es posar para la foto y que le aplaudan hasta cuando va al baño, no es repetir frases recicladas de Andrés Manuel López Obrador esperando que eso los convierta automáticamente en líderes populares. Y el alcalde de Moloacán, Eleazar Alcántara parece haberse quedado atrapado precisamente en esa fantasía guajira de que él es el próximo Obrador.

Lo ocurrido en Tlacuilolapan este sábado no fue solamente un bloqueo carretero. Fue una exhibición pública del nivel de desconexión que existe entre el gobierno municipal y la gente que dice representar. Porque mientras campesinos, ganaderos y habitantes de comunidades rurales soportaban calor, polvo, filas interminables de vehículos y meses de afectaciones relacionadas con Sinopec, el alcalde seguía escondido detrás de enviados, operadores y condiciones absurdas para acudir.

Sí, condiciones.

Que no le gritaran. Que no le reclamaran. Que no lo increparan porque, si no, el señor se iba.

La escena parecía más propia de un político rodeado de aduladores que de un servidor público obligado a rendir cuentas. Entonces el aldalde quedó desnudo, al descubierto, parece haber comprado demasiado rápido la idea de que cuestionarlo es “un ataque”, de que preguntar es “provocar” y de que todo aquel que exhiba irregularidades automáticamente se convierte en “adversario”. Exactamente el libreto rancio que durante años utilizó López Obrador desde Palacio Nacional.

Solo que hay un grave problema: AMLO construyó un capital político nacional antes de entrar en guerra con la prensa y sus críticos. En Moloacán, en cambio, Alcántara pretende brincar directamente a la confrontación y la soberbia sin haber construido primero autoridad moral, resultados o siquiera cercanía con la población.

Porque mientras intenta imitar tonos, frases y posturas del obradorismo más duro, en Morena saben perfectamente que no es precisamente una de las cartas más cercanas al grupo político de la gobernadora Rocío Nahle. En los pasillos políticos se comenta desde hace tiempo que su llegada tiene más relación con el grupo de Manuel Huerta que con los llamados “recomendados” del nahleismo. Y eso explica por qué cada crisis que estalla en Moloacán termina convirtiéndose también en un problema incómodo para el propio gobierno estatal. Y eso que apenas lleva 5 meses en el cargo. ¿Hasta cuándo lo soportará Rocío Nahle?

Porque no es la primera vez.

Ya van dos ocasiones en que personal de Gobernación desde el Estado tiene que bajar prácticamente a contener incendios políticos provocados por el estilo personal del alcalde: primero por conflictos internos con su Sindica y señalamientos relacionados con la nómina municipal que a toda costa quiso cubrir con la feria; ahora por el desastre social y político derivado del trato hacia las comunidades afectadas por Sinopec.

Porque aunque quiera decir que el problema del otro alcalde que ya no está, lo cierto es, que Sinopec ya hizo tratos con él y con su comuna no con el anterior, ya que Chong precisamente inició las negociaciones y pláticas, pero ante su salida, quien tendría que estrechar la mano para continuar con las explosiones que según Sinopec no son explosiones sería Alcántara. Ese es el problema con el alcalde morenista, para todo quiere culpar al pasado.

Y mientras eso ocurre, Alcántara insiste en exigir trato amable, cobertura favorable y preguntas cómodas, aun cuando las irregularidades son tan visibles que hasta el más distraído alcanza a notarlas.

No es solamente la acusación de familiares en nómina, no es el abandono denunciado por comunidades rurales, ni siquiera es Sinopec operando en medio del enojo social. Es la percepción de un alcalde que se siente incómodo frente a la crítica, que se molesta cuando le preguntan y que parece creer que gobernar consiste en controlar el discurso antes que resolver los problemas, en discutir en las redes sociales, sacar lo corriente e insultar déspotamente a quien le diga déspota.

Por eso Tlacuilolapan terminó siendo más que una protesta. Fue una fotografía brutal de un gobierno municipal que reacciona tarde, mal y obligado. Un alcalde al que la gente tuvo que cerrar carreteras para que apareciera. Y que aun así llegó queriendo poner reglas.

Eso en Tlacuilolapan, en China, de donde viene Sinopec y donde sea, se llama soberbia.

https://notarojadigitalsureste.com

Álex Cazarín

Desde 2019 soy reportero de calle, a pie, de colonias y lugares cercanos. A partir de 2023, soy titular del medio Nota Roja Digital Sureste, especializado en la cobertura de la nota policiaca en el sureste del estado de Veracruz.

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