*Las visitas de la mandataria ya son públicas… Ojo, los directores saben que llegará y las administraciones ya conocen el recorrido. Es perfectamente posible que antes de cada supervisión se intensifique la limpieza, se acomoden almacenes, se consigan productos pendientes y se presente la mejor cara de cada unidad.
*Precisamente para evitar que una supervisión termine convertida en una fotografía impecable de unas cuantas horas, la verdadera prueba tendría que venir después: regresar sin aviso, revisar inventarios, comparar entradas y salidas, hablar directamente con médicos, enfermeras y pacientes y volver quince o treinta días después.
Álex Cazarín
Hay algo profundamente tragicómico en el anuncio de que Rocío Nahle recorrerá personalmente los hospitales de Veracruz; te explico, si la gobernadora tiene que ir unidad por unidad a revisar medicamentos, material de curación, equipo, infraestructura y condiciones de atención, entonces alguien por debajo de ella en jerarquía no está haciendo su chamba.
Y los nombres responsables de conducir buena parte del sector están perfectamente identificados: Roberto Ramos Alor, coordinador estatal del IMSS-Bienestar, y Mariela Hernández García, secretaria de Salud de Veracruz y ex alcaldesa de Morena en Las Choapas 2022 – 2025, con un mar de anomalías y malos manejos durante su administración.
Este jueves 17 de septiembre, Nahle inició el recorrido por los 61 hospitales. En Perote escuchó directamente a médicos y enfermeras; en Altotonga encontró un abasto reportado de 87 por ciento en material de curación y 86 por ciento en medicamentos, y recibió una relación de faltantes para buscar su suministro o adquirirlos directamente.
Ese simple dato merece detenerse un momento.
En marzo, el Gobierno del Estado difundió que Ramos Alor aseguraba que se había cumplido “al 100 por ciento” la distribución programada y que había unidades médicas con niveles de abasto de entre 90 y 95 por ciento. En mayo, otro comunicado oficial sostenía que el suministro se mantenía por encima del 90 por ciento.
Cinco meses después, la propia gobernadora tiene que recorrer hospitales, recibir listas de faltantes y revisar personalmente qué hay y qué no hay. Esa es precisamente la revisión que hacía falta.
Porque durante semanas, mientras trabajadores y médicos denunciaban carencias, Roberto Ramos Alor decidió convertir el problema de los insumos en una batalla contra quienes lo cuestionaban.
Cuando médicos residentes del Hospital de Alta Especialidad de Veracruz reclamaron materiales necesarios para operar, quedó grabado respondiendo: “si no quieren operar, no operen”, además de recordarles que su evaluación dependía de la institución. La controversia fue tal que posteriormente tuvo que disculparse y el propio IMSS-Bienestar señaló que esas expresiones no representaban la postura institucional.
Después vinieron las referencias a “noticias falsas”, “montajes” y “campañas de odio” alrededor de las denuncias por carencias hospitalarias. Pero un faltante en las vitrinas tiene una característica particularmente inegable para Alor y es, que se puede contar.
Una caja está o no está, una medicina existe o falta, un quirófano tiene material o no lo tiene. Y por eso el recorrido de Nahle puede resultar mucho más útil que cien conferencias.
El problema para Ramos Alor es que la crisis ya no se reduce al desabasto.
El 15 de septiembre, la Secretaría de Salud federal confirmó un brote de sarampión dentro del Centro Estatal de Cancerología de Xalapa. Al corte de esa mañana había 16 casos confirmados: 12 trabajadores de Salud, tres pacientes y un familiar. Entre esos casos se registraron dos defunciones; la segunda permanecía pendiente de dictaminación. La Federación tuvo que enviar personal de la Dirección General de Epidemiología y del CENSIA a Xalapa para reforzar investigación, vigilancia, vacunación y control.
No era un rumor de Facebook. No era un montaje o discurso de odio como dice Alor. Era un comunicado de la Secretaría de Salud del Gobierno de México.
Y mientras había preguntas por responder, Ramos Alor volvió a protagonizar otro episodio peculiar: el 16 de septiembre fue abordado por periodistas que buscaban preguntarle por la situación hospitalaria y por el brote de sarampión. El funcionario evitó responder y se retiró.
Mariela Hernández tampoco puede alegar desconocimiento.

El 14 de septiembre, cuando periodistas intentaron preguntarle por el desabasto de medicamentos, insumos y personal que había provocado protestas en el sector, la secretaria de Salud caminó hacia su camioneta, acompañada por personal de seguridad, y se marchó sin responder. El episodio fue documentado por distintos medios.
Para una secretaria de Salud, guardar silencio precisamente cuando la salud pública atraviesa una controversia de esta magnitud no ayuda a despejar ninguna duda. Y entonces ocurrió el contraste que terminó por colocarla todavía más bajo escrutinio público.
Días después fueron difundidas fotografías de Mariela Hernández y Roberto Ramos Alor dentro del Hospital Ángeles de Xalapa. Diversos medios reportaron que el esposo de la secretaria había sido internado en esa institución privada. Las imágenes de ambos funcionarios en el hospital fueron ampliamente difundidas.
Hay que hacer una precisión elemental: cualquier persona, funcionario o familiar de funcionario tiene derecho a buscar atención médica donde considere conveniente. Una emergencia familiar no debería utilizarse para atacar al paciente ni cuestionar su derecho a recibir la mejor atención disponible.
Pero cuando quien toma esa decisión es precisamente la persona que encabeza la Secretaría de Salud, el contraste con el sistema público que administra inevitablemente genera preguntas.
Porque la mayoría de los veracruzanos no tiene esa alternativa.
El paciente que llega a un hospital público sin dinero para pagar medicina privada depende de que exista el medicamento, el anestésico, la gasa, la incubadora, el ultrasonido o el material quirúrgico.
No puede cambiar de hospital simplemente porque el público no tenga lo necesario.
Por eso la visita de Rocío Nahle a los 61 hospitales tiene una importancia particular.
La gobernadora no debería encontrar hospitales preparados para su visita. Debería encontrar hospitales preparados para recibir enfermos cualquier martes a las tres de la mañana.
Las visitas de la mandataria ya son públicas… Ojo, los directores saben que llegará y las administraciones ya conocen el recorrido. Es perfectamente posible que antes de cada supervisión se intensifique la limpieza, se acomoden almacenes, se consigan productos pendientes y se presente la mejor cara de cada unidad.
Pero precisamente para evitar que una supervisión termine convertida en una fotografía impecable de unas cuantas horas, la verdadera prueba tendría que venir después: regresar sin aviso, revisar inventarios, comparar entradas y salidas, hablar directamente con médicos, enfermeras y pacientes y volver quince o treinta días después.
Porque llenar un anaquel para una visita es relativamente sencillo, mantenerlo lleno cuando las cámaras se fueron es otro lonche. Y ahí será donde quedará claro si el problema era únicamente de distribución o si la conducción del sistema está fallando.
Nahle ya había tenido que intervenir el 2 de septiembre, cuando ordenó redistribuir insumos, recibir materiales del IMSS-Bienestar e incluso comprar directamente las claves faltantes. El propio Gobierno reconoció entonces necesidades específicas en hospitales, particularmente en las regiones de Xalapa y Veracruz-Boca del Río.
Dos semanas después, la gobernadora decidió ir personalmente. Roberto Ramos Alor puede discutir con periodistas, responder a médicos, hablar de campañas en su contra o defender las cifras que considere.
Mariela Hernández puede guardar silencio y subir a una camioneta cuando llegan las preguntas. Pero ninguno puede esconder eternamente un almacén vacío.