*El evento, promovido por agrupaciones religiosas y respaldado por el Ayuntamiento, pretende realizar una lectura continua de la Biblia durante 72 horas.
*Desde hace años hemos visto a funcionarios municipales, estatales y federales participar, respaldar y hasta posar muy sonrientes en ceremonias de origen prehispánico: limpias, sahumerios, invocaciones, peticiones a la tierra, ceremonias con copal, danzas y otros actos cargados de una evidente dimensión espiritual.
*Sin duda, los fanáticos de la izquierda son en su mayoría los que hipócritamente alegan defender la Constitución a su conveniencia, pero aplauden esa enfermedad llamada «indigenismo», que busca negar y satanizar nuestras raíces e historia, que nos guste o no, pasó y no se puede cambiar. Entonces ¿En qué quedamos?
Álex Cazarín
Las Choapas.— Bastó que se anunciara un maratón de lectura de la Biblia en el parque central de Las Choapas para que aparecieran los defensores de la Constitución.
El evento, promovido por agrupaciones religiosas y respaldado por el Ayuntamiento mediante el permiso de espacios públicos y además de la donación personal de la familia Uribe en cuanto a biblias, pretende realizar una lectura continua de la Biblia durante 72 horas.

De inmediato surgieron señalamientos sobre el Estado laico, la separación entre gobierno y religión y los límites que debe guardar una autoridad municipal.
Y está bien que se vigile porque la Constitución establece con claridad el carácter laico del Estado mexicano y ninguna autoridad debería utilizar recursos, instituciones o cargos públicos para imponer, promover o privilegiar una religión. Ese principio merece defenderse siempre, no solamente cuando la manifestación religiosa que tenemos enfrente se llama cristianismo.
Peeeeeeero…
Desde hace años hemos visto a funcionarios municipales, estatales y federales participar, respaldar y hasta posar muy sonrientes en ceremonias de origen prehispánico: limpias, sahumerios, invocaciones, peticiones a la tierra, ceremonias con copal, danzas y otros actos cargados de una evidente dimensión espiritual.








Sin duda, los fanáticos de la izquierda son en su mayoría los que hipócritamente alegan defender la Constitución a su conveniencia, pero aplauden esa enfermedad llamada «indigenismo», que busca negar y satanizar nuestras raíces e historia, que nos guste o no, pasó y no se puede cambiar. Esa ideología vino de la manga de la 4T, buscar atacar nuestro pasado hispano y poner en un pedestal las ocurrencias que se les vienen a la mente, como la petición de perdón de España a México.
¿En qué quedamos entonces?
En Las Choapas también los hemos tenido. Han ocurrido en espacios públicos y con presencia de personajes políticos. Y entonces, curiosamente, la Constitución no provocó semejante indignación y hay que ser claros, solo entre los amantes de las ideologías de izquierda se indignaron.
Cuando eran sahumerios y caracoles de ritual, nadie salió desesperado a advertir sobre la separación entre creencias y gobierno. Nadie pareció escandalizarse porque una autoridad estuviera presente.
Al contrario, aquello se presentó como cultura, identidad, tradición, raíces de nuestros pueblos y respeto a las comunidades originarias. Pero eso es contradicción.
Una ceremonia prehispánica puede tener un incuestionable valor cultural e histórico, pero eso no borra automáticamente su contenido religioso o espiritual. Muchas de estas prácticas provienen de cosmovisiones en las que existen divinidades, fuerzas de la naturaleza, ceremonias, ofrendas e invocaciones.
Llamarlas únicamente «cultura» para evitar cualquier discusión sobre su componente religioso resulta demasiado cómodo.Del otro lado tenemos un maratón bíblico y pareciera que leer un versículo en un parque amenaza con derrumbar de golpe el Estado laico mexicano. O eso dicen los escandalizados.
Tampoco confundamos las cosas. Hasta donde se ha informado, el Ayuntamiento de Las Choapas no está organizando el maratón bíblico como una actividad oficial de evangelización. Está brindando respaldo a una actividad promovida por ciudadanos y agrupaciones religiosas. Easa diferencia importa jurídicamente y también políticamente.
Habrá que observar qué tipo de apoyo proporciona, bajo qué condiciones y si existe un trato igualitario para las distintas asociaciones religiosas.Para eso existen precisamente las áreas de Asuntos Religiosos en los gobiernos.
Su existencia no convierte a un Ayuntamiento en iglesia ni autoriza al alcalde a predicar desde Palacio Municipal, sirven para establecer interlocución institucional con las diferentes asociaciones religiosas, atender solicitudes y mantener una relación dentro de los límites que marca la ley.
Lo preocupante no es que alguien cuestione el maratón bíblico, que lo cuestione, que revise hasta dónde llega el apoyo municipal y que exija respeto absoluto al Estado laico, eso es saludable.
Lo hipócrita sería exigir ese rigor solamente frente a una Biblia mientras se guarda silencio cuando delante de los funcionarios hay copal, incienso, ofrendas o ceremonias espirituales de cualquier otra tradición.La laicidad no significa perseguir las expresiones religiosas ni desaparecerlas de los espacios donde convive la sociedad.
Significa que el Estado no adopte una religión, no imponga creencias y no privilegie a unas sobre otras. Y precisamente por eso el principio debe aplicarse parejo.
Si vamos a defender el Estado laico, defendámoslo completo.