*Desde la llegada del delegado de Tránsito del Estado, Jonathan García López, la corporación parece más ocupada en actividades que poco tienen que ver con la seguridad vial. Habitantes y automovilistas señalan que, en lugar de operativos para ordenar la circulación, los elementos se dedican a pintar bardas.
*Mejor ni preguntarle al delegado de Tránsito sobre la situación vial en Las Choapas, porque pareciera que circula por una ciudad distinta. No ve las dobles ni triples filas que colapsan calles y bulevares, no observa a los motociclistas que transitan sin casco, ni a familias completas viajando en una sola unidad. La anarquía vial ocurre a plena luz del día, frente a todos, menos ante los ojos de la autoridad que debería prevenirla.
*A esto se suman versiones constantes de que patrullas viales se “estacionan” en puntos estratégicos como Plaza Verde y la entrada Las Choapas–Cerro de Nanchital, donde esperan el arribo de camiones pesados.
Álex Cazarín
Las Choapas.- En Las Choapas, la ley de tránsito parece haberse convertido en una sugerencia opcional. La escena se repite todos los días: motociclistas sin casco, familias completas viajando en una sola unidad, autos estacionados en doble y hasta triple fila, y peatones obligados a sortear vehículos que invaden banquetas. El reciente accidente frente a la panadería Poza Rica, donde una joven motociclista terminó en el pavimento tras la imprudencia de un conductor mal estacionado y ni una nariz de tránsito o su delegado, no es un hecho aislado; es el síntoma de una autoridad que simplemente no está haciendo su trabajo.
Desde la llegada del delegado de Tránsito del Estado, Jonathan García López, la corporación parece más ocupada en actividades que poco tienen que ver con la seguridad vial. Habitantes y automovilistas señalan que, en lugar de operativos para ordenar la circulación, los elementos se dedican a pintar bardas.
Mejor ni preguntarle al delegado de Tránsito sobre la situación vial en Las Choapas, porque pareciera que circula por una ciudad distinta. No ve las dobles ni triples filas que colapsan calles y bulevares, no observa a los motociclistas que transitan sin casco, ni a familias completas viajando en una sola unidad. La anarquía vial ocurre a plena luz del día, frente a todos, menos ante los ojos de la autoridad que debería prevenirla.



Tampoco aparece cuando se le necesita. Los accidentes ocurren, los ciudadanos esperan, y la presencia de Tránsito simplemente no llega o lo hace tarde, cuando todo está resuelto entre particulares. Así, la corporación que debería ordenar y proteger se ha vuelto un espectador ausente, mientras la imprudencia gana terreno y la seguridad vial queda, literalmente, abandonada a su suerte.
La escolta de camiones
les sale de maravilla
Más grave aún son los señalamientos que apuntan a la presunta escolta de tractocamiones hacia la zona urbana para permitirles descargar en horarios no autorizados. El pasado 17 de febrero, testigos documentaron el ingreso de unidades pesadas con apoyo de motocicletas de Tránsito, una práctica que no solo viola reglamentos municipales, sino que pone en riesgo a peatones y automovilistas en calles que no están diseñadas para ese tipo de maniobras.

A esto se suman versiones constantes de que patrullas viales se “estacionan” en puntos estratégicos como Plaza Verde y la entrada Las Choapas–Cerro de Nanchital, donde esperan el arribo de camiones pesados. Conductores aseguran que, bajo la sombra de la discrecionalidad, se les permite ingresar al municipio tras presuntos cobros irregulares. Aunque estas acusaciones requieren investigación formal, la repetición de los testimonios ha comenzado a erosionar la confianza ciudadana.
Mientras tanto, la anarquía vial avanza. Motociclistas circulan sin protección, menores de edad conducen sin supervisión, y el respeto por los señalamientos es prácticamente inexistente. No se observan operativos preventivos, campañas de concientización ni sanciones visibles. La ausencia de autoridad se traduce en un mensaje peligroso: en Las Choapas, las reglas no importan.

La responsabilidad de Tránsito del Estado no se limita a sancionar; implica ordenar, prevenir y proteger. Cuando la autoridad elige la omisión o desvía su atención hacia actividades ajenas a su función, el costo lo paga la ciudadanía en accidentes, lesiones y pérdidas materiales. El desorden vial no es un fenómeno espontáneo, es el resultado directo de una institución que ha dejado de ejercer su papel.
Hoy, Las Choapas necesita más que pintura fresca en bardas y escoltas cuestionables. Necesita una autoridad que recupere las calles, que aplique la ley sin excepciones y que recuerde que su razón de ser no es la comodidad de unos cuantos, sino la seguridad de todos.