*El problema es que apenas unos meses antes, cuando la discusión era otra, el mismo dirigente morenista defendía con absoluta tranquilidad la distribución de 300 mil periódicos bimestrales de Morena y negaba que aquello fuera campaña.
*Y si repartir un periódico partidista es una actividad perfectamente legal, como puede serlo, entonces habría que explicar con mucha mayor precisión dónde termina la información partidista y dónde comienza el posicionamiento electoral.
Álex Cazarín
Las Choapas.- El diputado local por Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) en el Congreso de Veracruz, Esteban Bautista Hernández acaba de descubrir que existen los actos anticipados de campaña.
En julio pidió al OPLE que vigile y, en su caso, sancione a los diputados que ya anden haciendo campaña antes de tiempo. Habló de recorridos, propaganda, lonas y promoción personal y «piso parejo». Hasta ahí, impecable. El problema es que apenas unos meses antes, cuando la discusión era otra, el mismo dirigente morenista defendía con absoluta tranquilidad la distribución de 300 mil periódicos bimestrales de Morena y negaba que aquello fuera campaña.
No hace falta ser abogado electoral para advertir la contradicción y tampoco hace falta ser enemigo de Morena para darse cuenta de lo que sucede. Si el criterio es que un diputado no puede aprovechar su actividad pública para construir desde ahora una candidatura, entonces el criterio tiene que valer cuando el protagonista viste de cualquier color, incluyendo guinda.
Y si repartir un periódico partidista es una actividad perfectamente legal, como puede serlo, entonces habría que explicar con mucha mayor precisión dónde termina la información partidista y dónde comienza el posicionamiento electoral.
Porque el asunto no es el papel periódico. El asunto es qué contiene, quién aparece, quién lo reparte, a quién se lo entrega, con qué frecuencia, en qué territorios y qué objetivo político persigue. Trescientas mil copias no son una hoja informativa que alguien dejó olvidada sobre un escritorio.
Son una operación de comunicación política de una escala considerable y si además son diputados y aspirantes quienes recorren municipios para entregarlas, fotografiarse con ciudadanos, difundir sus recorridos y asociar sus nombres con los resultados del gobierno y del partido, sería bastante ingenuo pretender que esto no es lo que parece, un acto abusivo de pre-campaña.
Jurídicamente, sin embargo, tampoco hay que hacer trampa. Repartir el periódico de Morena no convierte automáticamente a nadie en infractor. El Tribunal Electoral de Veracruz ha establecido que para acreditar un acto anticipado deben concurrir los elementos temporal, personal y subjetivo.
Y el elemento subjetivo es precisamente el que complica cualquier acusación seria: tiene que existir una finalidad electoral identificable, un llamado al voto, una solicitud de apoyo o un mensaje que, aun sin decir literalmente “vota por mí”, funcione como equivalente inequívoco de esa solicitud. El propio TEV ha dicho que el contexto completo debe ser considerado.
Ahí está precisamente el problema para Morena: el periódico puede ser legal, pero no por decreto. Si sus páginas son propaganda partidista, si destacan sistemáticamente a determinados personajes, si esos personajes son quienes salen a repartirlo por sus distritos, si la actividad se convierte en una maquinaria permanente de contacto territorial y, además, esas mismas figuras son las que después aparecen recorriendo municipios y construyendo presencia rumbo a 2027, el OPLE tiene todo el derecho —y la obligación— de revisar el conjunto.
No porque repartir periódicos sea ilegal, sino porque ninguna estrategia política puede convertirse en intocable simplemente por cambiarle el nombre a la actividad.
Para Bautista, él mismo que puso la vara, en junio advirtió a los diputados que el presupuesto del Congreso no está para promoción personal y sostuvo que quien quiera “brillar” debe hacerlo con recursos propios. En julio volvió a pedir al OPLE que frene a quienes se estén promoviendo antes de tiempo. Perfecto. Que se aplique. Pero que también se revise aquello que durante meses fue defendido como una simple actividad informativa de partido.
La ética política no puede funcionar con dos reglamentos: uno para los ‘adversarios’ y otro para los propios. Si una lona con el nombre de un aspirante merece vigilancia, también merece vigilancia una operación territorial de cientos de miles de ejemplares.
Si un recorrido de un diputado puede levantar sospechas de posicionamiento, también debe poder analizarse un recorrido para repartir propaganda partidista. Y si Bautista considera que el OPLE debe poner orden antes de 2027, sería saludable que Morena aceptara exactamente el mismo escrutinio que exige para los demás.
Eso no es piso parejo. Es memoria selectiva.