Agencias
Acayucan.— Hoy Acayucan no despertó con el bullicio habitual del mercado, sino con un silencio sepulcral y un nudo en la garganta. Doña Ana María Jerónimo Morales, de 50 años, no regresará a casa hoy.
Como cada mañana, desde muy temprano, ella estaba ahí, entre el aroma a hierbabuena, cilantro y las verduras del campo que con tanto esfuerzo cosechaba y vendía para sacar adelante a los suyos. No buscaba problemas, solo buscaba el sustento diario junto a su hija.
EL DESTINO MÁS INJUSTO En un segundo, la violencia que no nos pertenece le arrebató los sueños. Un ataque ajeno, una bala que no era para ella, terminó con la vida de una mujer humilde, indígena y profundamente trabajadora, cuyo único «error» fue estar en su puesto de trabajo tratando de ganar la vida de forma honesta.

Una madre, una compañera, una guerrera del campo.Un puesto de verduras que hoy quedó vacío y manchado por la tragedia.
Una hija que hoy llora a quien era su guía y sustento.
Mientras los responsables huyen, una familia queda destrozada y un gremio de comerciantes se une en un grito de dolor e indignación. ¿Cuántas vidas más se llevará una guerra que no es nuestra?Vuela alto, Doña Ana María. Tu comunidad no te olvida y hoy lloramos contigo. Que tu familia encuentre consuelo en medio de tanto dolor.
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