*El alcalde dice que lo invitaron, pero quienes lo invitaron dicen que no saben de qué está hablando. Y ahí es donde empieza el verdadero análisis político. ¿Por qué negar?
*En Las Choapas, Morena carga con el desgaste de la administración pasada, un gobierno que dejó más inconformidades que aplausos, anomalías en el uso del recurso público, falsificación de firmas en contratos de obras, pérdida de millones “que andan por ahí”, entre señalamientos por enriquecimiento ilícito por parte de funcionarios morenistas en Las Choapas.
*Los choapenses lo sabemos, NI UNA SOLA URNA GANADA en Las Choaspas, no es una opinión, es un hecho, es una estocada que Morena, especialmente Esteban Ramírez, no quieren o no pueden admitir, pues en el Cerro de Nanchital, cuando acudió para apoyar al candidato guinda, tuvo que valerse de estudiantes del tecnológico, burdamente intentando ocultar lo que TODA LAS CHOAPAS, SABE, y que después se confirmó… No ganó ni la urna de la calle en la que vive. De nuevo, no es opinión, es un hecho.
*En Las Choapas, hasta se rumoraba que algunos ridículos iban a meter una queja ante la Comisión Nacional de Honor y Justicia, para evitar lo que Nahle y Zepeta ya tomaron como decisión.
Las Choapas.— En política hay escenas que se parecen demasiado a un teatro mal ensayado. Todos los actores saben lo que ocurrió cuando la obra quedó rancia, pésima, de malgusto, sosa, sin sal, realizada con los pies en lugar de las manos; pero cuando llega el momento de explicarlo… nadie estuvo ahí. “No, yo no fui”, “no, fue teté”, “yo lo hice bien, pero fulano…”
Eso es exactamente lo que está pasando en Xalapa con el recién anuncio del cambio de partido del alcalde de Las Choapas, Jesús Uribe Esquivel, y su acercamiento a Morena.
El propio alcalde salió a decir, con nombre y lugar —“no tengo por qué mentir”—, dijo ante los medos, que había sido invitado a sumarse al proyecto de la gobernadora Rocío Nahle. No lo dijo en un café cualquiera: lo dijo en Xalapa, en el café La Parroquia frente al Palacio de Gobierno, un escenario que en la política veracruzana suele usarse precisamente para mandar mensajes.
Pero horas después comenzó el curioso desfile de deslindes.

La gobernadora dice que no lo invitó, que ni siquiera ha hablado con él, que eso le corresponde al partido. Y del lado del partido… silencio. Ni una bienvenida oficial, ni una foto, ni un mensaje claro de respaldo o posicionamiento, del lado de la bancada guinda, Esteban Bautista, dijo que no, que esos temas no los ve él; más tarde su tocayo, el choapense Esteban Ramírez Zepeta, dijo abiertamente ante las cámaras (aunque venía de reunirse con Jesús Uribe) que no, que no fue él, pero que el partido avisaría si sí o no, pero mientras, “que él no fue”.
En otras palabras: El alcalde dice que lo invitaron, pero quienes lo invitaron dicen que no saben de qué está hablando. Y ahí es donde empieza el verdadero análisis político.
¿Por qué negar?
Muchas veces decir que no se sabe, significa exactamente lo contrario: Que sí se sabe perfectamente lo que ocurrió, pero todavía no quieren asumirlo públicamente, la razón es bastante clara si se mira el contexto.
El horrible contexto:
En Las Choapas, Morena carga con el desgaste de la administración pasada, un gobierno que dejó más inconformidades que aplausos, anomalías en el uso del recurso público, falsificación de firmas en contratos de obras, pérdida de millones “que andan por ahí”, entre señalamientos por enriquecimiento ilícito por parte de funcionarios morenistas en Las Choapas. Ese desgaste no es menor. En política local, los errores de una administración suelen convertirse en votos de castigo en la siguiente elección.
Los choapenses lo sabemos, NI UNA SOLA URNA GANADA en Las Choaspas, no es una opinión, es un hecho, es una estocada que Morena, especialmente Esteban Ramírez, no quieren o no pueden admitir, pues en el Cerro de Nanchital, cuando acudió para apoyar al candidato guinda, tuvo que valerse de estudiantes del tecnológico, burdamente intentando ocultar lo que TODA LAS CHOAPAS, SABE, y que después se confirmó… No ganó ni la urna de la calle en la que vive. De nuevo, no es opinión, es un hecho.

Y eso coloca al actual alcalde en una posición incómoda para todos. Para los morenistas que aún se rascan la tiña que les dio al ver que su archienemigo, el que los sumió en la esquina de la historia, ahora se subió al barco que tanto cuidaban, pues en Las Choapas, hasta se rumoraba que algunos ridículos iban a meter una queja ante la Comisión Nacional de Honor y Justicia, para evitar lo que Nahle y Zepeta ya tomaron como decisión. Si a nivel nacional les vale un comino las quejas, ¿qué los hace especiales en un tema local?
Por un lado, Jesús Uribe Esquivel llega con una legitimidad electoral que Morena no puede ignorar en el municipio. Por otro lado, incorporarlo abiertamente también implica reconocer algo que el discurso oficial intenta evitar: Que el partido necesita reconstruir su base política en la zona.
Siendo francos, con la mente fría hay que preguntar: ¿Qué tantos votos puede obtener Morena en 2027 y 2029, si Uribe Esquivel se posiciona en el sureste contra ellos? Ahí aparece la respuesta… No fue un algoritmo que acomodar, no es una ecuación tan grande para entender que Morena lo llamó, pero no pueden admitirlo… O por lo menos, que la fanaticada lo crea así.
Primero se permite el acercamiento, luego se deja que el interesado lo anuncie y después… se guarda distancia pública mientras se mide la reacción. Es una maniobra de cálculo, hay que ser bastante obtuso para no ver que las cartas están en la mesa, al descubierto, a la vista de todos.
Si el movimiento resulta conveniente, el partido lo formaliza más adelante, pero aunque hubiese rechazo no pueden decir que no. No porque su activo más peligroso, el que les arrebató las urnas al 99% en 2025, los despedazará en años venideros. No pueden permitirse decir que no, pero sí pueden fingir demencia mientras se “finge que se analiza el tema”.
Por eso las declaraciones de Nahle y el silencio de la dirigencia estatal no deben leerse literalmente. En política, lo que se niega públicamente muchas veces ya se discutió en privado y créase o no, no hay nada que discutir a estas alturas.
El problema es que ese juego de negaciones también revela otra cosa: Una relación marcada por la desconfianza. Porque si el acercamiento fuera sólido, nadie tendría problema en reconocerlo. Cuando todos comienzan a deslindarse, lo que aparece no es claridad política… sino cálculo… y ese cálculo tiene un horizonte claro: 2027.
Las Choapas es un municipio que puede inclinar balanzas regionales. Ningún proyecto estatal quiere llegar a esa elección con el territorio perdido o con un liderazgo local convertido en adversario. Por eso el mensaje que hoy se intenta controlar no es tanto para el presente, sino para el futuro.
En público dicen que no hubo invitación.
Pero en política, cuando alguien sale a anunciar que ya fue invitado… normalmente es porque alguien tocó la puerta primero…
Analicemos: ¿Quién necesita de quién a estás alturas?